Humedales para nuestro futuro: Medios de vida sostenibles.

El 2 de febrero de cada año es el Día Mundial de los Humedales y en él se conmemora la fecha en que se adoptó la Convención sobre los Humedales, el 2 de febrero de 1971.

“Humedales para nuestro futuro: Medios de vida sostenibles.” Se ha elegido este tema para demostrar el papel esencial que desempeñan los humedales para el futuro de la humanidad y particularmente su relevancia para el logro de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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La reciente serie sísmica acaecida en el Mar de Alborán reabre el debate sobre la existencia, siempre atenuada, del riesgo de maremotos en el Mediterráneo.
A diferencia de los grandes océanos y, muy especialmente, el Pacífico; en el cual este tipo de eventos puede alcanzar magnitudes absolutamente catastróficas, no es menos cierto que el Mar Mediterráneo, aun no disponiendo de una geomorfología capaz de igualar a los mismos, puede resultar afectado por un sismo subterráneo marino (además de otros factores) generador de un tsunami.
Además de las posibles consecuencias negativas en el sector turístico -por la alta vulnerabilidad que, hasta en episodios modestos, podrían tener los usuarios de la lámina de agua de una playa afectada- los impactos de más relevancia podríamos circunscribirlos al ámbito portuario: no en vano el tsunami provoca un “vaciado de puerto” con unas corrientes capaces de arrastrar, en su retirada inicial de las aguas, pantalanes y embarcaciones amarradas a los mismos. Este fenómeno ya fue observado a consecuencia de los maremotos generados por el terremoto de Argelia, acaecidos entre el 21 y 27 de mayo de 2003, tal y como recoge el Instituto Geográfico Nacional en sus tablas de eventos por riesgo de tsunami.
De igual forma, un cambio brusco en el calado de los muelles, puede provocar derrames accidentales en operaciones de carga y descarga de materias potencialmente peligrosas activando, de esta forma, los Planes Interiores Marítimos de las instalaciones portuarias y, dependiendo de la gravedad del siniestro, el propio P.I.M. de la Autoridad Portuaria o, incluso, el Plan Marítimo Nacional. Ello adquiere una especial relevancia en el Mediterráneo donde las diferencias de calado como consecuencia de las mareas son más bien escasas.
Estamos, por tanto, ante un riesgo de protección civil que afecta -y mucho- al Sistema Nacional de Respuesta ante la Contaminación y cuya gestión eficaz podría disponer de una solución técnicamente viable consistente en la integración del Plan Interior Marítimo -una vez aprobado por su procedimiento reglamentario- en el Plan de Autoprotección de la instalación obligada a disponer del mismo.
Sin duda alguna, este tipo de fusión -facultativa y factible, de acuerdo a los preceptos de la Norma Básica de Autoprotección- puede generar una gestión más eficiente de este tipo de situaciones de “riesgo colateral” (side-effects) proporcionando un marco de prevención y respuesta integral e integrador de los riesgos naturales (los tsunamis)como fuentes de peligrosidad de riesgos medioambientales, como es el caso de los derivados por la contaminación marina accidental.